Un milka en mi noche

Friday, May 19, 2017

La pregunta de sus ojos

Es la cuarta vez en la semana que ve a la mamá llorando. Le gustaría acercarse y preguntarle pero no se anima, o se anima, pero sus ocho años lo persuaden. Presiente que esperan que él juegue y no haga preguntas incómodas. Pero la pregunta la tiene bailando en la mano y necesita desagotarla, como cuando una vez vió a Defensa Civil barrer un cúmulo de hojas de una alcantarilla y el agua en un remolino violento, se fue de una vez y para siempre.
Suena el timbre y sus pensamientos se sobresaltan, quedan truncos y se jura que a la vuelta le preguntará, se acercará y con una mano en el hombro (como lo vió en una película) concluirá el asunto.
Es hora de ir a jugar al parque. Sospechosamente es hora de ir al jugar al parque. Cree que creen que no se aviva, pero él está avispado hace pila de años.
La mayoría de los chicos cuando patean la pelota sueñan con super estrellas, en un estadio europeo o en la Bombonera. Él no, el sueña que está en el mismo parque urbano en el que se encuentra, pero el que le devuelve la pelota es su papá.
Los días pasan y medita el momento. Podría ser a la mañana, cuando el silencio de las siete se vuelve propicio para entenderse o no, mejor cuando caiga el sol, que están solos y tienen tiempo de charlar como hacen los adultos.
La noche es oscura y suena el teléfono. Espera un rato y se acerca a la cocina. Ve a la mamá en una silla sola. Lo golpea el silencio del ambiente y al mismo tiempo se le presenta la respuesta a su pregunta que ya no necesita hacer.
Entiende que los segundos también esconden cambios perpetuos.
Sabe con certeza que de ahora en más, la vida también se tratará de silencios.

Wednesday, April 26, 2017

Sí, quiero.

Guarden los incautos sus sonrisas prematuras que esto no es una invitación a casamiento. O quizás sí, no lo sé, pero es mucho más que eso.
Mi nombre es Andrés, tengo 33 años y trabajo de lo que me gusta hace 12 años. De chico, creía que en el pasado la vida era en blanco o negro, ahora de grande creo que tiene muchos colores, incluso blanco y negro.
Cuando crecí descubrí la escritura, la lectura y los viajes. Creo que esas tres cosas me formaron como persona, mucho más que la universidad y los ejercicios de derivadas e integrales.
De grande descubrí que esas cosas están bien pero son mucho más lindas con ella.
Ella.
Guarden los enamoradizos su sonrisa de dulce de leche que esto no es una historia de amor. O mejor dicho sí, pero es mucho más que amor. Es una historia de dos vidas que se unieron por casualidad y que formaron otra cosa, que ni siquiera puedo asomarme a conjeturar una definición.
Ella tiene algunos años menos y se malhumora cuando tiene sueño. Yo la abrazo y se le pasa.
Juntos compramos un globo terráqueo para mirar el mundo, y al lado le pusimos una lampara para iluminarlo. Tenemos un telescopio para ver las estrellas y una parrilla para cenar debajo de ellas.
La imagen más linda la presencié en Roma, y no era el Coliseo ni el Tiber, sino sus lágrimas cuando aterrizó en su sueño.
Ella no me aceptó como era.
Guarden compañeros su mirada atónita, que aunque suene horrible, eso es lo que soy hoy, una versión mejorada de mi, más familiera, más comunicativa y más desinteresada.
Y todo eso se lo debo a ella, que me retó a ser una mejor persona, y yo, con gusto, le dije "Sí, quiero".

Friday, December 02, 2016

Bukowski

Estimo que entré en la adultez unas semanas antes de cumplir 18 años. Hasta entonces siempre mi familia me preguntó qué quería para mi cumpleaños. Era una especie de ritual, me preguntaban, y unos días después me despertaba con la no-novedad y los abrazos.

Pero en el otoño del 2001 por primera vez ante la pregunta yo respondí "No quiero pedirles nada, lo que me regalen va a estar bien". Fue extraño porque tenía en mente el conjunto de la selección Argentina, pero me salió así, de imprevisto, como las visitas de pueblo.

Mi tía Ana que era parte de la comitiva regaladora, recibió el mensaje y sospecho que la puse en un aprieto. Lógicamente es más fácil regalar a pedido que pensarlo.
Finalmente llegó el día y Annie me trajo un cuaderno en blanco para escribir, con una frase en la primera pagina que decía "Encuentra lo que te apasiona y deja que te mate".

Si bien había dejado la infancia hace rato, todavía no podía nombrarme adulto. La frase se me volvió incomprensible, casi ridícula. ¿Cómo voy a dejar que mi pasión me mate? ¿Como voy a elegir algo que me haga mal? No era ni niño ni adulto. Podía dejar que elijan los regalos por mi, pero no los podía entender.

No obstante el desconcierto unos meses más tarde comencé a escribir, era diciembre del 2001. Lo recuerdo porque me fui a sembrar las primeras palabras a la terraza con treinta grados mientras escuchaba las cacerolas de la avenida.

El último texto del cuaderno, fue el primero de este blog. Supuse que después de semejante ejercicio ya estaba listo para mostrarle a alguien más los textos.

Ayer, quince años después, me volví a encontrar con esa frase escrita en inglés en un vagón: Find what you love and let it kill you.
No la había vuelto a escuchar más y como los olores, me transportó a ese verano. Mientras estaba dale-que-dale discutiendo con mi amor, la frase cayó redonda en mi cabeza, la entendí, la mastiqué amarga y sonó entera en mi cabeza, como aquellas cacerolas.






Thursday, August 11, 2016

Un bar, un baño y un final

Entramos en el bar para la famosa charla final. Para despedirnos, decirnos algunas cosas y hacer un pequeño duelo juntos.

El bar por suerte estaba a medio llenar, se podía charlar y teníamos la intimidad necesaria del rincón para dejar algunas lágrimas en la mesa.

Ella habló primero seria, parada en argumentos, seleccionando las palabras. Yo la miraba, pensaba, miraba el bar.

En otra mesa dos chicos jóvenes se tomaban de la mano, se reían y conversaban. Era evidente que estaban en su primavera y que la vida les sonreía. Todos hemos tenido las dos mesas, todos somos las dos mesas.

Al rato fui al baño, más por tranquilizarme que por necesidad. En el pasillo me crucé con la chica de la otra mesa y percibí su mirada en mi. Podía ser que nos conociéramos, pero no era momento, para ninguno de los dos.
Volviendo a mi lugar noté que el chico estaba recargando el vaso con una cerveza y escribiendo un mensaje en un celular viejo, de esos que no traen wapp ni complicaciones.

La charla siguió, yo hablé y argumenté. Volví la vista hacia la otra chica y le vi la sonrisa. Yo había visto esa risa en algún lado. Y la camisa del chico me terminó por develar la cuestión. Esos chicos eramos nosotros.

Esperé el momento que el chico se levantó para ir al baño, torpemente lo seguí hacia el servicio. Lo encontré frente al espejo arreglándose el pelito. Con los ojos un poco rojos me quise hacer el simpático y le pregunté si estaba en su primera cita.
Tercera, me dijo.

Sin dudarlo lo agarré del brazo: Escuchame bien pelotudo, vos no me conocés pero yo si te conozco, y muy bien. En un tiempo esto se va a volver muy complicado. Cuando te griten, cuando mil caballos te corran de atrás y el camión te empuje a la banquina, vos abrazala, que cuando te grita, está gritando de impotencia, del descontrol de sentir el amor desbordando sus sentidos y estallando adentro de ella. Vos abrazala fuerte. Cuanto más te grite, más abrazala.
Por último le aclaré, ya un poco desarmado "ah, y no la dejes ir. Por nada en el mundo.."

Me miré confundido, creo sin entender, y salí del baño.

Thursday, June 30, 2016

La habitación vacía

Siempre me resultó muy difícil vaciar habitaciones. Ordenar, agrupar, embalar, descartar, soltar. Es un trabajo para tipos que no se llaman como yo.
Mencionando el tema en terapia Jorge cuestionó si acaso no tenía algo que ver con la separación de mis padres cuando tenía 8 años. Cómo es la psicología, parece que cualquier cosa que te pasa tiene que ver con la infancia, el sexo y los padres. No, Jorge, no.

A los 33 años tengo nuevamente el desafío de frente y siento que no puedo con él. Vaciar los cajones, embalar la ropa que nunca más usará, ubicar las cosas en una caja sin fondo, y rotularlas con marcador permanente.

Guardo algunas fotos en una cajita de madera que conservo desde mi infancia junto con algunos dibujos y garabatos. Es muy triste todo esto y las lagrimas brotan como un caño maestro pinchado.

Esta semana volví a hablar el tema en terapia. A mi pesar, Jorge insiste en que estas cosas hay que agarrarlas en calientes, porque como los músculos, luego se convierten en contracturas de por vida, y a nadie le gusta el dolor del trauma en la espalda.

Después de la sesión me junté con mi mujer, todavía tenía los ojos rojos. Conversamos del tema hasta que se vació el bar. Las madrugadas de la semana de invierno tienen esa encantadora desolación.
Volviendo a casa finalmente decidimos volver a intentarlo, volver a habitar ese espacio, y pintar nosotros mismos un hermoso mural en la habitación para que siempre esté presente él, de la mejor forma posible.








Tuesday, June 21, 2016

Miedos

Atravesando las calles de La Paz conocí a Horacio, un muchacho chileno, artesano, trotamundo y sabio.

Él recorría latinoamérica con una pequeña mochila, poca plata y sus artesanías que le permitían financiar cada amanecer.

Hablando entre vinos me contó que meses atrás en la ciudad de Cali un desgraciado le había robado sus cosas en una breve excursión al baño. A Horacio lo habían acuchillado por la espalda: su ladrón era el encargado de cuidarle sus pertenencias.

Se encontró sin dinero, sin mochila, sin artesanías, sin campera, prácticamente desnudo en un país ajeno.
Allí estaba él, parado con su cuerpito en el mundo, sin pertenencias.

Después de eso, a qué le puedo tener miedo? me sonrío.
Eso ocurrió hace diez años. Esa pregunta todavía me interroga.





Friday, April 29, 2016

Helsinki

Llevo 40 dias varado en Helsinki. El pasaporte se me ha caido en una alcantarilla y la embajada argentina ha emigrado del país después de la Guerra del Agua del 2021. Le alquilo una habitación a un polaco que tantea el español de oído porque, según me dijo, se cansó de cogerse a una ecuatoriana el verano anterior.

Estoy esperando noticias de Argentina pero las comunicaciones no están funcionando como deberían. Me quedan 124 euros y ni siquiera puedo trabajar. Camino perdido por la ciudad cada día y me meto en los bares para leer con un vaso de agua que gentilmente me regalan los mozos del lugar y cada tanto pico algún resto de pizza que dejan los comensales a mi lado.
Sospecho que soy el único argentino en esta ciudad. Los demás hicieron lo que debían.

El polaco se embriagó ayer y se puso un poco violento conmigo. Viajo en el tranvía local por tramos, haciéndome el confundido para no pagar. Subiendo y bajando, simulando que en realidad no es mi destino y ganando tiempo en la conversación para hacer trecientos o cuatrocientos metros más. Me están empezando a conocer los conductores y eso no es una dicha. Tengo miedo de convertirme en el loco de la ciudad.

Hoy me senté en un banco a pensar en mi infancia en las afueras de Rosario, en las tardes de sol sobre la gloriosa platea centenario y en la última vez que mi viejo me agarró fuerte la mano. Su consejo con el puerto de fondo, el sol atardeciendo desde una pintura y una hamburguesa en la mano. No dejes que nadie te borre la sonrisa, me dijo, y masticó.