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El Aguante

Aguante los que le ceden el paso al peatón. Los que renuncian a sus trabajos para emprender.
Los que tiran los papeles en el tacho de basura.
Aguante los músicos que tocan en bares.
Los estudiantes de teatro.
Los que se acostaron a cualquier hora porque se quedaron leyendo.
Los que salen con sus amigos aunque llueva. Los que te invitan una cerveza.
Los que van a las marchas con convicción.
Aguante los que escriben.
Los que mandan cien mails para que se les abra una puerta.
Los que piensan que el amor no es posesión.
Los que viajan solos. Los que compran un vuelo de promoción con el celular desde el colectivo.
Los que se levantan antes que amanezca.
Los que ponen la casa. Los que se ofrecen como asadores.
Los que pueden sentarse en el bar sin poner el teléfono en la mesa.
Los que se animan a convivir.
Los que fabrican cerveza artesanal, esos también, aguante los clichés, por qué no?
Aguante Europa en verano. La bicicleta en primavera. La cama en invierno. Los planes improvisados.
Aguante los que…
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Seré

Soñé que estaba detenido en la Mansión Seré. 
Una noche se acerca un oficial y me pregunta si manejaba bien eso del facebook. "Es que tenemos que difundir las actividades del centro, queremos que la gente sepa que éste es un centro moderno de corrección del pensamiento. ¿Vos podés hacerlo?" 
A la vez que me preguntaba, me señalaba una máquina de escribir oxidada, manchada con sangre.
Al arrimarme, sin opción, noté que en el carretel ya estaba puesta una hoja, con una frase. Decía "Avisen que estoy acá".

Noches no tan buenas

La peor Navidad de mi vida fue sin dudas la del 90.
Una semana antes del 24 recuerdo que le pregunté a mi mamá si nos íbamos a morir.
Seguramente había escuchado algo al respecto en la televisión o en las noticias. Mi mamá, con cariño y cuidado me dijo que sí, que todos nos íbamos a morir. Yo la miré fijo y quise confirmar:
- Pero vos no, no?
Su respuesta fue un abrazo largo y fuerte. En esa época yo me juntaba muy seguido a jugar con mis compañeros de la primaria. Al día siguiente al descubrimiento y al abrazo, fui corriendo a contarlo. Tenía la (triste) primicia: todos nos íbamos a morir y ellos no lo sabían. Apenas llegué lo escupí. Al parecer todos estaban al tanto de cómo venía la mano con la vida menos Matias, el dueño de la casa, que lloró toda la tarde desconsoladamente. Fue un día triste y confuso para todos. Durante una semana no nos vimos. Supongo que hubo llamados de por medio entre padres para aclarar el tema y unificar un discurso. Llegó Navidad y con la expectativa de los …

La pregunta de sus ojos

Es la cuarta vez en la semana que ve a la mamá llorando. Le gustaría acercarse y preguntarle pero no se anima, o se anima, pero sus ocho años lo persuaden. Presiente que esperan que él juegue y no haga preguntas incómodas. Pero la pregunta la tiene bailando en la mano y necesita desagotarla, como cuando una vez vió a Defensa Civil barrer un cúmulo de hojas de una alcantarilla y el agua en un remolino violento, se fue de una vez y para siempre.
Suena el timbre y sus pensamientos se sobresaltan, quedan truncos y se jura que a la vuelta le preguntará, se acercará y con una mano en el hombro (como lo vió en una película) concluirá el asunto.
Es hora de ir a jugar al parque. Sospechosamente es hora de ir al jugar al parque. Cree que creen que no se aviva, pero él está avispado hace pila de años.
La mayoría de los chicos cuando patean la pelota sueñan con super estrellas, en un estadio europeo o en la Bombonera. Él no, el sueña que está en el mismo parque urbano en el que se encuentra, pero…

Sí, quiero.

Guarden los incautos sus sonrisas prematuras que esto no es una invitación a casamiento. O quizás sí, no lo sé, pero es mucho más que eso.
Mi nombre es Andrés, tengo 33 años y trabajo de lo que me gusta hace 12 años. De chico, creía que en el pasado la vida era en blanco o negro, ahora de grande creo que tiene muchos colores, incluso blanco y negro.
Cuando crecí descubrí la escritura, la lectura y los viajes. Creo que esas tres cosas me formaron como persona, mucho más que la universidad y los ejercicios de derivadas e integrales.
De grande descubrí que esas cosas están bien pero son mucho más lindas con ella.
Ella.
Guarden los enamoradizos su sonrisa de dulce de leche que esto no es una historia de amor. O mejor dicho sí, pero es mucho más que amor. Es una historia de dos vidas que se unieron por casualidad y que formaron otra cosa, que ni siquiera puedo asomarme a conjeturar una definición.
Ella tiene algunos años menos y se malhumora cuando tiene sueño. Yo la abrazo y se le pasa.

Bukowski

Estimo que entré en la adultez unas semanas antes de cumplir 18 años. Hasta entonces siempre mi familia me preguntó qué quería para mi cumpleaños. Era una especie de ritual, me preguntaban, y unos días después me despertaba con la no-novedad y los abrazos.

Pero en el otoño del 2001 por primera vez ante la pregunta yo respondí "No quiero pedirles nada, lo que me regalen va a estar bien". Fue extraño porque tenía en mente el conjunto de la selección Argentina, pero me salió así, de imprevisto, como las visitas de pueblo.

Mi tía Ana que era parte de la comitiva regaladora, recibió el mensaje y sospecho que la puse en un aprieto. Lógicamente es más fácil regalar a pedido que pensarlo.
Finalmente llegó el día y Annie me trajo un cuaderno en blanco para escribir, con una frase en la primera pagina que decía "Encuentra lo que te apasiona y deja que te mate".

Si bien había dejado la infancia hace rato, todavía no podía nombrarme adulto. La frase se me volvió incomprensibl…

Un bar, un baño y un final

Entramos en el bar para la famosa charla final. Para despedirnos, decirnos algunas cosas y hacer un pequeño duelo juntos.

El bar por suerte estaba a medio llenar, se podía charlar y teníamos la intimidad necesaria del rincón para dejar algunas lágrimas en la mesa.

Ella habló primero seria, parada en argumentos, seleccionando las palabras. Yo la miraba, pensaba, miraba el bar.

En otra mesa dos chicos jóvenes se tomaban de la mano, se reían y conversaban. Era evidente que estaban en su primavera y que la vida les sonreía. Todos hemos tenido las dos mesas, todos somos las dos mesas.

Al rato fui al baño, más por tranquilizarme que por necesidad. En el pasillo me crucé con la chica de la otra mesa y percibí su mirada en mi. Podía ser que nos conociéramos, pero no era momento, para ninguno de los dos.
Volviendo a mi lugar noté que el chico estaba recargando el vaso con una cerveza y escribiendo un mensaje en un celular viejo, de esos que no traen wapp ni complicaciones.

La charla siguió, yo…