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Notas de Viaje

Hoy es nuestro sexto día en París y todavía no nos cansamos de esta ciudad.
Me despertaste como de costumbre a los besos y fuimos a terminar de abrir los ojos a nuestro bar favorito en la Rue de Naples.
Tal como en Buenos Aires tu motor empieza a carburar después del segundo café. Yo aprovecho ese rato para amarte en silencio.
Tres horas de caminata confirman nuestro hábito adolescente de chapar en cada semáforo de cualquier ciudad.
Vos todavía te estás riendo de mi francés criollo. Yo me justifico elegantemente diciendo que soy un hombre de las pampas.
Volvemos al hotel sabiendo que mañana nos espera Londres, y tenemos una lista eterna de lugares para conocer. Los dos estamos ansiosos y se nota.
Matamos nuestra ansiedad en la ducha, y nos disponemos para salir, por última vez, a cenar.
Te propuse un piringundín del Barrio Latino dónde se dice cenaba Cortazar en los sesentas.
Ojalá sea cierto.
El cielo está sorprendentemente despejado.
París es una maravilla, y tu cintura también.
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2 de Agosto del 2016

El martes pasado, 2 de Agosto del 2016, después de hablar por teléfono con mi ex novia por motivo de su cumpleaños, y con la tristeza mirándome fijo a los ojos, me abrí un vino tinto Benjamin y puse la música que (no) te ahogan las penas.
Entre la tercer y la cuarta copa me puse a ver fotos de Nueva York.
Muchos saben mi relación fallida con esa ciudad, y a los que no, en algún asado se la cuento.

Yo creo que el vino tiene la propiedad mágica de mostrar tu deseo como un oráculo. Te dice a quien amás, a quien no, a dónde te gustaría ir, y a dónde no tenés ganas de estar.
Con las fotos de Nueva York en la pantalla, tres copas de vino encima, hice lo que nunca sobrio hubiese hecho: me compré un pasaje para dentro de cuatro días.

No tenía hotel, ni guía, ni un cuadernito con Highlights, sólo tenía la mirada borrosa y las ganas nítidas. Como al mar frío, algunas decisiones se toman de un golpazo, apretando los dientes, sin titubear.

Sabía que como mínimo, mínimo, tenía una anécdota para l…

Cuando vas contento a comprar el pan a la mañana.

El pasado

Aprendí a cerrar los ojos
al pasar por tu cuadra
como lo hacía de chico
cuando veía una abeja

al final sigo siendo un niño
que oscurece el mundo un rato y espera
que la abeja y el pasado
vuelen lejos de mi

Alunado

Tuve una época que yo llamo Época Alunada. Sucedió hace poco más de una década, cuando salía de noche a caminar porque estaba convencido de que caminando se piensa mejor. Esto lo hacía únicamente los días de la semana, intuía que en la soledad de la ciudad sucedían las mejores cosas. Así conoocí a Luna.

Luna estaba sentada en el bar La Academía de Callao y Corrientes, hasta ahora el único bar que conozco que abre veinticuatro horas. Yo tenía pensado terminar mi noche leyendo en algún rincón de la ciudad pero su presencia contra la ventana me terminó por convencer de que ese era mi lugar y además, lo sentí como una señal, esa avenida me había traído minutos antes la frase de Goyeneche: ¿No ves que va la luna rodando por callao?

Me senté Campari enfrente a deshojar las hojas de La insoportable levedad del ser. Milan Kundera se había convertido para entonces en mi autor favorito y yo soñaba con viajar a República Checa para pasearme entre sus sombras.
Fue recién después del segundo Campa…

La historia de Vladimir

Vladimir Sokolov vino de Moscú con una idea revolucionaria: instalar el Teatro Realidad en el circuito argentino.
La escencia de su extraña dramaturgia era muy simple: representar en un escenario cosas que realmente pasen.
La crítica lo atacó con certeros argumentos aduciendo que el teatro consistía justamente en ficción y que su obra no era asimisma parte del arte teatral.
Aún así comenzó su epopeya con la presentación de "Me duelen tus abrazos" donde se podía ver, entre otras cosas, al protagonista vómitando en escena.
Lo cierto es que nunca tuvo el éxito esperado. Los actores abandonaron la obra ante la imposibilidad de encarnar mundos ficticios, rehusándose a representarse a sí mismos.

Diezmado su elenco estable, Vladimir encarnó él mismo el papel protagónico en una última función.
Con un público acaso reducido se presentó en el Teatro Municipal de Castelar.
Promediando la velada, Vladimir (personificando el papel de Vladimir) desenfundó un arma y le disparó a su parten…

Ella

Ella vive sola en Almagro. En un primer piso por escalera. Cuando se corta la luz (que pasa muy a menudo en el barrio) tiene un refugio en el bar de la esquina de Guardia Vieja que por la distribución de las usinas y otras yerbas toma la electricidad de la paralela dejando al local inmune de cortes.
Otras noches se escapa a la medianoche para terminar de corregir unos trabajos o escribir algo en su mac 2009 que guardará en alguna carpeta llamada "escritos inconclusos". Al volver camina cantando alguna canción rara que sólo ella conoce. Estudió sociología y aprendió a tocar un instrumento a los veinte años. Ahora tiene algunos más y no ve con desdeño el paso del tiempo sino todo lo contrario. Cuando le hablo de que a mi me asusta un poco el tiempo y su andar, me responde que cada año es un libro para colorear y que es más lindo si lo hacemos juntos. Me gusta esa respuesta. Los miércoles tiene su curso de teatro que asiste a rajatabla, sin importar los otros compromisos. Cuand…