Un milka en mi noche

Wednesday, November 29, 2006

El novio del olvido

Ella decidió olvidarme. Fue este miercoles, casi despues del mediodia.
Seguramente habría comido algo liviano, algo lejano.

Se había bañado con naturalidad sin siquiera imaginar lo que estaba por hacer.
La noche anterior había visto una película de Almodovar hasta las dos de la mañana y luego chateó con una amiga. No le dijo nada de mí. No lo sabía.

A las 11:25 llamó a su mamá para arreglar los detalles de una cena del viernes. Le propuso cambiar el lugar de la cena, quería probar comida armenia. Nada hacía suponer nada.

A las 11:50 se vistió con su jean de siempre, su remera blanca y buscó un collar en el cajón. La ironía quiso que se pusiera el mío.

A las 12:05 se miró al espejo apurada, tenía que estar a la una en el puerto. Miró el reloj y pudo ver que en realidad tenía cinco minutos más.

Se arregló el pelo con la mano. Esbozó un peinado como los de antes y retocó sus ojeras.

Y se vió (me vió). Lejos de ella, muy lejos. Como lo estaba (Como lo estabamos)
Y decidió olvidarme.

No lloró, no me llamó y no escribió una carta. Simplemente se alejó del espejo y salió por la puerta.

Yo me quedé allí, en el espejo. En el olvido.

Sunday, November 26, 2006

Tendencias

Reconozco que la lectura no es la única fuente de conocimiento.

Sin embargo, el 90% de la gente que conozco con "tendencia izquierda" es aficionada a la lectura y el 90% de la gente que conozco con "tendencia derecha" rara vez toca un libro (y hablo desde la experiencia de haber cursado 5 años en la Facultad de Ciencias Económicas).

Esto me hace pensar dos cosas:

1. Que el de "tendencia izquierda" (perdón por el término pero es la mejor forma de hacerme entender) habla con más argumentos y conocimientos. (eso no quiere decir igual que tenga 100% de razón.. ojo!)

2. Que a veces no existen diferentes ideologías, sino diferentes formas de ignorar (o no ignorar) la realidad social.

Friday, November 17, 2006

Yo te quiero igual

Desde que me fui a vivir solo intento desayunar únicamente ensalada de frutas. Pero la ensalada de frutas es muy tentadora para dejarla sólo para la mañana.

Mi ensalada de frutas me alegra por la mañana. Sobre todo cuando hay sol. Me dice "qué bien que estamos juntos". Y tiene razón: en mi terraza de Castro Barros hasta la milanesa de soja se siente reina del banquete.
Pero igual, a pesar de tanta alegría y buenos momentos, mi ensalada termina por oxidarse. No hay limón que la salve del ocaso. Pobre ella, pobre yo.

La miro, la admiro y la respeto. Pero cada día se pone peor.
El otro día me compré otra en un kiosco, pero no tiene el mismo sabor. Conocer el corte transversal de la naranja me hace degustarla mejor.
Entonces vuelvo a casa corriendo, le agrego un poco más de manzana y la llevo a la terraza bien temprano, como a ella le gusta.

Yo desayunaré mañana con otra nueva. Pondré nuevas frutas y veré como cada una es reina en el reinado de mi heladera.

Todavía no tengo en claro la combinación de frutas que la hace perfecta. Pero siempre la veo contenta, y mientras más contenta la veo, más me siento ensalada.

Thursday, November 09, 2006

El gimanasio de la calle Cochabamba (ayer leí a Dolina)

Cerca de mi casa, en la calle Cochabamba, existe un gimansio donde en vez de ejercitar los músculos se ejercita la mente. Muchos pensarán que se trata justamente de una biblioteca, pero sus características así lo desmienten.

Allí se hace una entrada en calor con nuestros complejos. Liviana pero efectiva. A su término, los complejos toman "cintura", pueden moverse con swing y abotonarse a cualquier pavada: la estatura, el color de pelo, el peso y las muelas de juicio.
Con el transcurso del tiempo uno ganará tonicidad y sabrá como moverlos a gusto.

El entranamiento sigue un poco más intenso. Durante quince minutos y frente al espejo se trabaja con diez repeticiones nuestro complejo de Edipo. Es aconsejable luego de este ejercicio elongar bien los recuerdos de la infancia. De lo contrario se torna contraproducente y la cena familiar puede volverse extraña.

A la derecha del sector Miedos se encuentra la cinta del primer amor. Es necesaria correrla por lo menos 15 minutos para adentrarse en las primeras salidas: bares, heladerias, plazas y callejones barriales. Cada una de ellas volverán a nuestras mentes en forma de recuerdo placentero.

El sentido de este ejercicio es muy claro: quien quiera superar al primer amor debe volver incontables veces al mismo banco y recorrer las mismas cuadras hasta llegar al punto "libre de nostalgías". Sin embrago la cinta posee un arma de doble filo: condena a la nostalgía eterna quien la utilice sin necesidad o con fines vengativos.

Por último se encuentra la barra del autoestima. La misma se deberá levantar con un número x de cualidades de cada lado. También la prudencia es importante aquí. Quien crea poder levantar más cualidades de las que en verdad posee, sufrirá la severidad de la barra en su pecho y deberá soportar la cruel subestima. Para sacarsela de encima se requiere la ayuda del preparador físico, que por lo general se encuentra trabajando en el piso de arriba con las inseguridades.

Nadie conoce los resultados verdaderos de este gimnasio ni mucho menos quien lo maneja. Hay quienes afirman que el de la calle Cochabamba no es el único y sus sucursales se reparten por toda Buenos Aires tomando la forma de viajes, esperas y noches desiertas.

Friday, November 03, 2006

Agua

Hace poco más de un mes en el 115 subió un grupo de nueve chicas sordomudas. Gritaban, hacían chistes y discutían en un nivel de señas muy alto, muy ágil.
Lo más llamativo es que una de las chicas tenía una mochila de Los Piojos.

Me quedé pensando.