Un milka en mi noche

Sunday, March 27, 2011

Domingo a la noche

Cuando me siento un poco solo prendo la radio y la luz de mi dormitorio. Aunque esté en el living o en la cocina me gusta ver la luz prendida del velador desde afuera. Vaya a saber uno bajo qué fuerza cósmica consigue una tonalidad única que me recuerda a mi infancia en Liniers.

Por lo general me pongo a cocinar, una forma extraña de mostrar en pequeña escala que puedo generar algo inmediato, que depende sólo de mi que una maza se convierta en pizza. Algunos amigos no lo entienden, pero conseguir que un polvo como la harina termine en una cosa redonda y con buen gusto es un esfuerzo que vale la pena transitar.

Caminar es otra salida. El efecto de avanzar por metros es una metáfora tan tonta como efectiva. El pensamiento se pierde, se encuentra y se vuelve a perder por las calles de la ciudad. Y a veces doblando la esquina hay una respuesta. A veces.

De todos modos la técnica del velador es la que me sienta mejor. Siempre supe que algo de la luz me hace bien, pero últimamente tiendo a pensar que se trata en realidad de una sensación de falsa presencia, de una huida fuera de tiempo, caida de un libro cuyo final nunca se escribió.