Adan Buenos Ayres

Esta es una noche como cualquiera, los amigos salen, las chicas se ríen y hacen que se divierten. Quizás les divierta forzar la risa y fingir la diversión. En definitiva, es una forma de divertirse.

Yo me quedo solo con la misma lámpara que conservo sobre mi mesa de luz desde los doce años. Me adentro en los versos más difíciles por ella. Siento, entiendo, que debo estar a la altura de alguna circunstancia. El mundo no me regaló gracia ni destreza. Apenas unos ojos color café que con alguna iluminación nocturna (es decir, casi nula) pueden parecer aceptables, pero ni siquiera eso.

Recorro las hojas de Adan Buenos Ayres. Presiento que el verano en la ciudad y algunos lugares comunes nos van a volver a cruzar. Y ella, a pocos metros de su compañía, me regalará algunos minutos de amable conversación. Minutos que son la llave de salida de esta mediocridad.

"El amor es sólo una metáfora" me habría dicho un transeúnte alguna vez en una charla casual. Nunca pude olvidar esa frase. No sé exactamente qué me quiso decir, pero yo entiendo que conseguir el amor es cuestión de una metáfora bien dicha en el momento justo.

Por eso, me quedo esta noche con Leopoldo Marechal repasando esa forma tan particular de frasear. Deseando que entre todo ese costal de palabras, se tamice aquella que nos una en la más linda metáfora carnal.

Nueces

Me quedaron tres escritos en el tintero sobre vos: dos dulces y uno amargo.
No soy de la idea de que todo tiene que ver la luz por el simple hecho de que fue escrito. Los escritos seguramente quedarán encerrados en bytes o en un frasco.

Hace un par de años adquirí la costumbre de tener un frasco con nueces para las noches de ansiedad. Esto viene a cuento porque cada una de esas palabras fueron escritas con docenas de nueces sobre la mesa. Cada carta se llevó un frasco entero.
Por eso me parece justo devolver las cartas allí y dejarlos en la cocina, junto a la certera esperanza de que algún día lejano, al abrirlos, digan otra cosa.

Una mujer con sombrero

La invité a mi casa a escuchar Silvio con la luz apagada. No sé por qué me dijo que no.

Notas de Viaje

Hoy es nuestro sexto día en París y todavía no nos cansamos de esta ciudad. Me despertaste como de costumbre a los besos y fuimos a termina...