Un milka en mi noche

Thursday, April 25, 2013

Zafado

Viajo en el 4 dirección Constitución.

La radio al mango y un chico de 24 años que pide tema, que la radio está buena. Tu radio está buena pero dame el tema, sería la lógica. Yo pienso hasta qué edad la gente llama a la radio para pedir un tema en la fm local. Serán los famosos segundos de fama, donde le gritás a tu vieja "ahí estoy en la radio", y por un segundo la felicidad.

El tema es de El bordo y el pibe que está sentado a mi lado exclama como confirmando su gusto por la canción. Yo pienso en comentarle que iba al colegio con la banda, pero no, prefiero mirar por la ventana para el que viaje siga su rumbo.

A la altura del Garrahan suben unas cholas, nueve escolares y un par de llantos, y el viaje se convierte en un aguantadero.
El pibe bordolero me cuenta que una vez se pasó tres días internado ahi, y yo no sé si habla del garrahan o del hospital en general. En una oración aparecen las palabras Puntazo, Gorra y Zafado. Me pregunto para mis adentros si dijo "zafado" o "zarpado" pero afirmo que dijo zafado.
Luego me aclara que eso era antes, cuando andaba haciendo daños.

Le pregunto si en plaza venden chipá.
Pasan los travestis de Brasil y me bajo en Constitución en busca del elixir guaraní. Para esa altura los relámpagos tropicales innundan la atmósfera y yo me dejo llevar por el ritmo.

Friday, April 05, 2013

Primera Cita

Ella tiene 21 primaveras. Él cuenta inviernos.
Él se sentó en Café Margot junto a la ventana.
Ella se pintó los labios con la convicción.
Él se leyó hasta la ultima gota de su café, esperando tal vez, que la borra diga no vas.

Gracia del destino que nos encontremos al correrse un telón y la descubriese allí parada con una sonrisa hermosa, que sólo tienen las mujeres cuando se sienten deseadas.

Se lo repetía a Jorge en la siguiente sesión:

- Telón como acto, telón como metáfora, telón como actores. ¿Somos nosotros los actores o los espectadores?
- Vos qué crees?

A esta altura ya no creo Jorge. A esta edad ya no se cree en muchas cosas.
Dije y me arrepentí al instante de cada palabra pronunciada. Salí directo al cruce de mis dichos:

- No, perdón, creo. Lo que pasa es que no sé en qué.

Entonces él, con la sabiduría de los poetas, como un guiño de los conjuros, terminó la sesión abruptamente con dos palabras:

- Andrés: Relax.

Y volví a creer.