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Showing posts from 2015

Venezia

Me desperté a la mitad de la noche y te vi dormida al costado de mi cama. Te pregunté por qué estabas ahí si estábamos separados. 
Corré la cortina, me ordenaste sin responder a mi pregunta. La corrí desde la cama y en lugar del paisaje habitual estaba Venezia.
- Cuál es el truco? pregunté confuso. - Te lo voy a decir una vez que te despiertes.
Y abrí los ojos, y no estabas vos, ni venezia ni el truco.
Trabajé todo el día pensando en esa secuencia y recién a la noche me di cuenta de que era una trampa, el truco era no despertarse.

La casa

Cada vez que tengo la ocasión encargo a algún viajero fueguino una botella de Sheridan´s. No es por que el precio sea más económico (que si lo es) sino por sentir algo del sabor de la primera vez, cuando la botella vino en mi mochila traída de la nieve más austral.
Se volvió casi un ritual, sentarse en el sillón a leer con el vaso sobre la mesa.

Por suerte la casa es grande y mientras me sumerjo en mi libro ella está con el suyo en la otra habitación que fue diseñada con cama incluida especialmente para sus noches de acidez. El cuarto de la penitencia, lo llamo yo.

Al mismo tiempo en la cocina se prepara nuestro pequeño sueño del día: unas milanesas napolitanas con batatas. "Las mejores del mundo" le digo yo, "las mejores son las de mi papá", responde ella. Comemos, reimos, nos amamos y dormimos.

Una rutina simple, de un martes por la noche. O de cualquier otro día.


El cielo e infierno de los días

El mundo, todo entero, mi tiempo, todo entero, las llaves de mi casa y la de los cajones. Soñé con verte acá todos los días y con crecer juntos. Entendí algunas cosas y me faltaron entender otras.

Si no alcanza, no alcanza ni alcanzará. No voy a vivir peleando batallas perdidas (todas las batallas son perdidas). Te dejo volar amor. No voy a hablar de rencores ni romper cartas de despecho.
Transformaste mis noches en poesía y mi cuerpo en huracán, y te agradezco por eso.

Ya no habrá preparativos de viaje, ni viaje, ni mochilas de madrugada. Ya no te diré con los ojos mojados en París, que vengas con tus cosas a vivir la vida conmigo.



Peperina

Anoche bajé las escaleras en el medio de la madrugada. Estaba adormecido y no entendía bien la situación, pero distinguí que Peperina lloraba.
La tuve que alzar en brazos para calmarla, cuando la volví a poner en su cama-cuna escuché unas palabras.
Es raro porque Peperina no habla, apenas balbucea palabras ilegibles. Pero en el medio de tanto llanto pude escuchar "Decile a mamá que no se enoje tanto".

Gorda

Te veo preocuparte. Espío de reojo como te parás de puntitas de pié frente al espejo.
Luego mis palabras de alivio sordas, tus fastidios nocturnos y mi "ya pasará".
Me ves pasar el domingo pintando, sudando. ¿Quien dijo que no se trata de sudor también?
También te cocino, aunque después te escuche refunfunear sobre la balanza.
No estás gorda, te repito, y me mirás con tu cara de hervor.
Al final de cuentas no importa mucho, porque nos reímos igual, mientras barajamos nombres.