Un milka en mi noche

Thursday, June 30, 2016

La habitación vacía

Siempre me resultó muy difícil vaciar habitaciones. Ordenar, agrupar, embalar, descartar, soltar. Es un trabajo para tipos que no se llaman como yo.
Mencionando el tema en terapia Jorge cuestionó si acaso no tenía algo que ver con la separación de mis padres cuando tenía 8 años. Cómo es la psicología, parece que cualquier cosa que te pasa tiene que ver con la infancia, el sexo y los padres. No, Jorge, no.

A los 33 años tengo nuevamente el desafío de frente y siento que no puedo con él. Vaciar los cajones, embalar la ropa que nunca más usará, ubicar las cosas en una caja sin fondo, y rotularlas con marcador permanente.

Guardo algunas fotos en una cajita de madera que conservo desde mi infancia junto con algunos dibujos y garabatos. Es muy triste todo esto y las lagrimas brotan como un caño maestro pinchado.

Esta semana volví a hablar el tema en terapia. A mi pesar, Jorge insiste en que estas cosas hay que agarrarlas en calientes, porque como los músculos, luego se convierten en contracturas de por vida, y a nadie le gusta el dolor del trauma en la espalda.

Después de la sesión me junté con mi mujer, todavía tenía los ojos rojos. Conversamos del tema hasta que se vació el bar. Las madrugadas de la semana de invierno tienen esa encantadora desolación.
Volviendo a casa finalmente decidimos volver a intentarlo, volver a habitar ese espacio, y pintar nosotros mismos un hermoso mural en la habitación para que siempre esté presente él, de la mejor forma posible.








Tuesday, June 21, 2016

Miedos

Atravesando las calles de La Paz conocí a Horacio, un muchacho chileno, artesano, trotamundo y sabio.

Él recorría latinoamérica con una pequeña mochila, poca plata y sus artesanías que le permitían financiar cada amanecer.

Hablando entre vinos me contó que meses atrás en la ciudad de Cali un desgraciado le había robado sus cosas en una breve excursión al baño. A Horacio lo habían acuchillado por la espalda: su ladrón era el encargado de cuidarle sus pertenencias.

Se encontró sin dinero, sin mochila, sin artesanías, sin campera, prácticamente desnudo en un país ajeno.
Allí estaba él, parado con su cuerpito en el mundo, sin pertenencias.

Después de eso, a qué le puedo tener miedo? me sonrío.
Eso ocurrió hace diez años. Esa pregunta todavía me interroga.