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Miedos

Atravesando las calles de La Paz conocí a Horacio, un muchacho chileno, artesano, trotamundo y sabio.

Él recorría latinoamérica con una pequeña mochila, poca plata y sus artesanías que le permitían financiar cada amanecer.

Hablando entre vinos me contó que meses atrás en la ciudad de Cali un desgraciado le había robado sus cosas en una breve excursión al baño. A Horacio lo habían acuchillado por la espalda: su ladrón era el encargado de cuidarle sus pertenencias.

Se encontró sin dinero, sin mochila, sin artesanías, sin campera, prácticamente desnudo en un país ajeno.
Allí estaba él, parado con su cuerpito en el mundo, sin pertenencias.

Después de eso, a qué le puedo tener miedo? me sonrío.
Eso ocurrió hace diez años. Esa pregunta todavía me interroga.





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