Un milka en mi noche

Wednesday, April 26, 2017

Sí, quiero.

Guarden los incautos sus sonrisas prematuras que esto no es una invitación a casamiento. O quizás sí, no lo sé, pero es mucho más que eso.
Mi nombre es Andrés, tengo 33 años y trabajo de lo que me gusta hace 12 años. De chico, creía que en el pasado la vida era en blanco o negro, ahora de grande creo que tiene muchos colores, incluso blanco y negro.
Cuando crecí descubrí la escritura, la lectura y los viajes. Creo que esas tres cosas me formaron como persona, mucho más que la universidad y los ejercicios de derivadas e integrales.
De grande descubrí que esas cosas están bien pero son mucho más lindas con ella.
Ella.
Guarden los enamoradizos su sonrisa de dulce de leche que esto no es una historia de amor. O mejor dicho sí, pero es mucho más que amor. Es una historia de dos vidas que se unieron por casualidad y que formaron otra cosa, que ni siquiera puedo asomarme a conjeturar una definición.
Ella tiene algunos años menos y se malhumora cuando tiene sueño. Yo la abrazo y se le pasa.
Juntos compramos un globo terráqueo para mirar el mundo, y al lado le pusimos una lampara para iluminarlo. Tenemos un telescopio para ver las estrellas y una parrilla para cenar debajo de ellas.
La imagen más linda la presencié en Roma, y no era el Coliseo ni el Tiber, sino sus lágrimas cuando aterrizó en su sueño.
Ella no me aceptó como era.
Guarden compañeros su mirada atónita, que aunque suene horrible, eso es lo que soy hoy, una versión mejorada de mi, más familiera, más comunicativa y más desinteresada.
Y todo eso se lo debo a ella, que me retó a ser una mejor persona, y yo, con gusto, le dije "Sí, quiero".

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