Skip to main content

Noches no tan buenas

La peor Navidad de mi vida fue sin dudas la del 90.
Una semana antes del 24 recuerdo que le pregunté a mi mamá si nos íbamos a morir.
Seguramente había escuchado algo al respecto en la televisión o en las noticias. Mi mamá, con cariño y cuidado me dijo que sí, que todos nos íbamos a morir. Yo la miré fijo y quise confirmar:
- Pero vos no, no?
Su respuesta fue un abrazo largo y fuerte.
En esa época yo me juntaba muy seguido a jugar con mis compañeros de la primaria. Al día siguiente al descubrimiento y al abrazo, fui corriendo a contarlo. Tenía la (triste) primicia: todos nos íbamos a morir y ellos no lo sabían.
Apenas llegué lo escupí. Al parecer todos estaban al tanto de cómo venía la mano con la vida menos Matias, el dueño de la casa, que lloró toda la tarde desconsoladamente. Fue un día triste y confuso para todos.
Durante una semana no nos vimos. Supongo que hubo llamados de por medio entre padres para aclarar el tema y unificar un discurso.
Llegó Navidad y con la expectativa de los regalos de Papa Noel olvidé un poco el tema.
El 26 de Diciembre nos juntamos a jugar nuevamente. La consigna era que cada uno lleve su regalo para compartirlo con los otros. Yo tenía un tren hermoso que aún conservo.
Al llegar estaban todos en silencio, como si me estuvieran esperando. Matías avanzó hacia mi e intuí que algo malo iba a pasar. Tenía la venganza ardiendo en la mirada.
Se plantó enfrente mio, a pocos centímetros de mi cara y muy serio disparó:
- Te quería decir que Papa Noel no existe. Ah, y que también se va a morir.
Automáticamente dejé caer mi tren de la mano, me puse serio y lloré tanto, tanto, que me hice adulto.

Comments

Popular posts from this blog

Lucia

Venía caminando por Castro Barros a las cinco de la mañana. Venía, como tantas noches de fin de semana con mi mp3 en la cintura, haciendo más ligeras las cuadras de regreso.

Es interesante como la noche, el alcohol y la música transforman los recuerdos. Y muchas veces, quizás engañosamente, los malos amores se vuelven buenos, los impiadosos generosos y yo, me vuelvo un poco más sensible.

Fue entonces, que de repente, en el shuffle de la vida, sonó Lucia:

No hay nada más bello
que lo que nunca he tenido.
Nada más amado
que lo que perdí.
Perdóname si
hoy busco en la arena
una luna llena
que arañaba el mar...

Entendí muchas cosas y me quedé perplejo ante la claridad de Joan Manuel.
La palabra perdóname era para mis oidos lo esencial de la canción.
Sin frío me senté exactamente a las 5.21 am en la esquina de Tarija. La hora la sé porque en un acto de estupidez miré el celular para ver si me habías escrito.

No podía llegar a mi casa con esa carga. Digerí la canción en silencio en el umbral de la c…

Alunado

Tuve una época que yo llamo Época Alunada. Sucedió hace poco más de una década, cuando salía de noche a caminar porque estaba convencido de que caminando se piensa mejor. Esto lo hacía únicamente los días de la semana, intuía que en la soledad de la ciudad sucedían las mejores cosas. Así conoocí a Luna.

Luna estaba sentada en el bar La Academía de Callao y Corrientes, hasta ahora el único bar que conozco que abre veinticuatro horas. Yo tenía pensado terminar mi noche leyendo en algún rincón de la ciudad pero su presencia contra la ventana me terminó por convencer de que ese era mi lugar y además, lo sentí como una señal, esa avenida me había traído minutos antes la frase de Goyeneche: ¿No ves que va la luna rodando por callao?

Me senté Campari enfrente a deshojar las hojas de La insoportable levedad del ser. Milan Kundera se había convertido para entonces en mi autor favorito y yo soñaba con viajar a República Checa para pasearme entre sus sombras.
Fue recién después del segundo Campa…